¿Archivo o teatro?

En el teatro popular o la música folclórica, puede reconocerse como una interesante disciplina, donde se valora el ingenio y oportunidad de los artistas. No así cuando la improvisación se aplica a ámbitos laborales especializados como es el caso de los archivos.

Podemos encontrar a la improvisación deteriorando el acervo documental por un inadecuado tratamiento por parte del personal a causa de desconocimiento que, en última instancia, es responsabilidad del propietario de la documentación, es decir, de la Entidad que la recibe y/o produce en el cumplimiento de sus funciones. Las consecuencias de esta, podría ser revertida a mediano y corto plazo, con la incorporación de alguien que efectivamente conozca del tema.

Pero, hay una improvisación «que no tiene perdón de Dios», y es aquella que se origina por el vicio de la corrupción, cuya mejor representación encontramos en la famosa expresión atribuida a Peter Anders: «El primer acto de corrupción de un funcionario público es aceptar un cargo al que no está preparado», pero que es obviado cuando la prioridad de la autoridad no es la calidad, la mejora, la productividad o la excelencia, sino el amiguismo o el nepotismo.

Como consecuencia del abuso de autoridad a cualquier nivel de poder, no solamente en el Estado porque también lo encontramos en la empresa privada, para la ocupación de cargos sin la previa evaluación del perfil de los candidatos, se pueden generar un grave daño al patrimonio documental de cualquier nación de proporciones inimaginables… y ya lo estamos viendo todos los archivistas, independientemente del país de donde provengamos.

¿Y cómo identificamos esto? Encontrando normas nuevas que contradicen anteriores, que no definen o lo hacer vagamente nuevas incorporaciones, con graves errores, no solamente ortográficos, sintácticos sino contextuales, o con disposiciones complementarias que no se cumplen.

Sin embargo, esto podría tener solución siempre y cuando, aquellos colocados en los cargos de poder, tuviesen lo indicado en un anterior artículo titulado «Docta ignorantia» archivística, es decir, la humildad y «la certeza de no poseer toda la información necesaria para el ejercicio pertinente de nuestra profesión», y, en consecuencia, no solamente solicitar el apoyo de expertos, sino, escucharlos y actuar en consecuencia.

Pero mientras esperamos que se nos haga «el milagrito», sigamos vigilando, cuidando y dando la pelea en cada uno de nuestros sistemas institucionales de archivo, para que la Archivística siga siendo aquella ciencia que permita la disponibilidad de la información a sus verdaderos propietarios, es decir, los ciudadanos.