Ventilación: el vengador de los documentos

Archivo General de la Nación, Bogotá, Colombia.
Imagen de https://www.archdaily.pe/

Ciertamente, por ser los más famosos y mentados, la humedad relativa y la temperatura podrían ser los grandes villanos en la conservación de los documentos, protagonizando las novelas de terror que cada uno de nosotros tiene en sus archivos, pero generalmente olvidamos un tercer actor, el personaje que, por ser el bueno, nos olvidamos de él, pero perfectamente podría aparecer en nuestra trama cotidiana, desarrollando un rol fundamental: el del vengador justiciero.

Y… ¿quién sería este personaje misterioso? Pues, la ventilación.

¡Sí! La ventilación es el elemento que, independientemente de la tragedia en la que estén inmersos nuestros documentos, facilitará el equilibrio entre los dos malvados del archivo, y que, adecuadamente aplicado a los espacios donde se custodia el acervo documental en soporte papel, puede restar relevancia, hasta a los niveles de humedad relativa y temperatura establecidos por múltiples manuales de conservación, superando con creces las expectativas de los conservadores.

Y es que, en general, una correcta ventilación con “entrada y salida” impide que la humedad relativa y la temperatura excesivas se acumulen en los espacios de custodia, a través su la evacuación constante, permitiendo la autorregulación y evitando las fluctuaciones, que pueden generar más daño al material, que la presencia de valores extremos de los dos villanos.

En efecto, como lo señala el manual Conservación preventiva y Plan de Gestión de Desastres en archivos y bibliotecas, “Una ventilación constante es el mejor instrumento para reducir las fluctuaciones de humedad relativa y temperatura.” (p. 19).

Fue así como, en 1992 comenzamos a disfrutar de una gran obra del brillante arquitecto Rogelio Salmona, el Archivo General de la Nación, de Colombia, que considera lo anteriormente expuesto, tal como lo expresa él mismo:

«Descartada de inmediato toda tecnología costosa e innecesaria, que el clima seco de Bogotá no requería, como el aire acondicionado o sofisticados sistemas técnicos de ventilación y climatización, el primer esfuerzo se concentró en elaborar una piel, un elemento protector que resolviera esos inconvenientes: dobles muros, calados como poros para permitir el paso del aire, receptores de agua o canales en todo el perímetro para recoger el agua lluvia, o la humedad condensada; filtros para impedir el paso del aire contaminado del exterior; espacios interiores ventilados por ductos, particularmente en los depósitos; intercomunicación entre las fachadas asoleadas y las de sombra, y por último una clara diferenciación entre los espacios y lugares públicos y aquellos que conservan los documentos.» (www.archdaily.pe)

Referencias:

Ministerio de Cultura (s/f). Conservación preventiva y Plan de Gestión de Desastres en archivos y bibliotecas. Madrid. [Accedido el 27 Nov 2023 de https://www.culturaydeporte.gob.es/planes-nacionales/dam/jcr:6346095c-3ae9-4198-9c11-c38f53bf0116/cp-y-plan-gestion-desastres-archivos-y-bilbiotecas.pdf]

Salmona, R. Clásicos de Arquitectura: Archivo General de la Nación / Rogelio Salmona. 06 jul 2018. [Accedido el 29 Nov 2023 de https://www.archdaily.pe/pe/894552/clasicos-de-arquitectura-archivo-general-de-la-nacion-rogelio-salmona]